EMOCIONES Y SALUD

 

Emociones son procesos psicológicos que frente a una amenaza a nuestro equilibrio, ya sea físico o psicológico, actúan para reestablecerlo ejerciendo así un papel adaptativo. Sin embargo en algunos casos, las emociones, influyen en la contracción de enfermedades, dejando de ser procesos adaptativos. La función adaptativa de las emociones va a depender de la evaluación que haga la persona del estímulo que pone en peligro su equilibrio, y de la respuesta que genere para afrontar ese estímulo.

Siendo la salud humana un complejo proceso de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales, una persona sana debe estarlo tanto en mente como en cuerpo, es decir existe una relación. Esta relación permitió el nacimiento de una nueva ciencia, la psiconeuroinmunologia (PNI), que estudia cómo influyen ciertos procesos psicológicos en la salud.

Gracias a los estudios derivados de la PNI, se ha descubierto un vínculo físico (sinapsis), entre células del sistema nervioso y del sistema inmunológico, haciendo a estos dos sistemas humanos, interdependientes.

Una de las formas como influyen los procesos psicológicos en la salud, es a través de las emociones. Tanto las emociones positivas (alegría, buen humor, optimismo) como las negativas (ira, ansiedad) y el estrés influyen en la salud.

Las emociones perturbadoras influyen negativamente en la salud favoreciendo la contracción de ciertas enfermedades, ya que hacen más vulnerable el sistema inmunológico, lo que no permite su correcto funcionamiento.

Las emociones positivas son un beneficio para nuestra salud, ya que ayudan a soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan su recuperación.

Todos estos descubrimientos sobre emociones y salud, tienen su aplicación en el tratamiento de las enfermedades, ya que este deberá ser un tratamiento integral, que considere la recuperación tanto de los factores físicos como de los factores psicológicos del paciente.

Introducción

Las emociones se han estudiado, principalmente, por el papel adaptativo que han jugado a través de la evolución del hombre.

Gracias a las emociones se produce una activación que nos proporciona la energía necesaria para responder, rápidamente, a un estímulo que atente a nuestro bienestar físico o psicológico, permitiendo así, nuestra supervivencia.

Sin embargo, en los últimos años, se ha descubierto que las emociones pueden ser, también, perjudiciales para la salud, influyendo en la contracción de ciertas enfermedades, perdiendo, en este sentido, su valor adaptativo.

Finalmente se empieza a aceptar que disturbios psicológicos leves o intensos pueden causar enfermedades en el cuerpo propiamente tal. Nuestras abuelas ya lo sabían: nos decían que la tristeza, la preocupación obsesiva y otros sentimientos podían dañar el corazón, provocar úlceras, arruinar el cutis y hacernos más vulnerables a las infecciones (Damasio, 1994).

Este vínculo entre las emociones y la salud, va mucho más allá de que ciertas emociones, las negativas, hagan más vulnerables a las personas a contraer una enfermedad, o que otras emociones, las positivas, favorezcan la recuperación de una dolencia. Con esto, se está estableciendo la relación mente/cuerpo.

Esto trae consigo todo un cambio en el tratamiento de enfermedades, ya que ahora se deberán tomar en cuenta, como relevantes, los factores psicológicos de las personas enfermas, para así intervenir sus emociones con el objetivo de mejorar la salud.

 

 

Salud y Enfermedad

Se puede definir enfermedad como una alteración más o menos grave en la fisiología o funcionamiento del cuerpo, y se puede definir salud estar libre de enfermedad, pero para nuestro efecto, la enfermedad no es únicamente dolor y la salud no es únicamente ausencia de enfermedad sino un proceso complejo de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales.

La salud del hombre es un proceso complejo sustentado sobre la base de un equilibrio entre factores biopsicosociales. Lograr que el hombre se adapte a su medio implica la manutención de la adecuada sincronización de las funciones de los sistemas de su organismo y en caso del surgimiento de un desequilibrio, esta adaptación depende del restablecimiento de ese equilibrio (López, 1999).

La enfermedad afecta tanto al cuerpo como a la mente y ante todo debemos aceptarla y cada cual debe tomar la dirección y la responsabilidad de su salud.

Emociones

Podemos encontrar una gran variedad de explicaciones sobre qué son las emociones, como por ejemplo:

– Proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibrio con el fin de movilizar los recursos a su alcance para controlar la situación (Fernández-Abascal y Palmero, 1999).

– Funciones biológicas fundamentales, producto de la evolución, que permiten al organismo sobrevivir en entornos hostiles, por lo que se han conservado prácticamente intactas a través de la historia evolutiva (Le Doux, 1999).

Pero todas coinciden en algo: las emociones son procesos adaptativos, entonces, ¿Por qué y cómo intervienen en unos casos y determinan en otros, mecanismos que favorecen la enfermedad?

Una de las claves a la hora de entender la repercusión de las emociones en la salud es la conceptualización del proceso emocional. En él aparecen dos filtros entre la situación interna o externa que desencadena el proceso y la manifestación de las emociones en el sujeto protagonista (Fernández-Abascal y Palmero, 1999).

El primero de ellos, la evaluación valorativa, modulará la activación emocional en sus componentes de experiencia subjetiva o sentimiento, expresión corporal, tendencia a la acción y respuestas fisiológicas y será el responsable del reajuste de las emociones a las demandas del entorno; pero, también, puede ser el responsable de que las emociones pierdan su valor adaptativo y sean, entonces, perjudiciales para la salud (Fernández-Abascal y Palmero, 1999).

El segundo filtro, que actúa entre la activación y la expresión emocional, se refiere a los mecanismos socioculturales de control emocional que determinan en gran medida los estilos de afrontamiento, es decir, las estrategias que cada persona pone en juego para responder ante las emociones (Fernández-Abascal y Palmero, 1999).

En resumen, la función adaptativa de las emociones va a depender de la evaluación que la persona haga del estímulo, es decir, del significado que le dé a este, y de la respuesta de afrontamiento que genere.

 

Relación entre Emociones y Salud

Como habíamos dicho, la salud humana es un complejo proceso sustentado sobre el equilibrio de factores biopsicosociales, es decir, una persona sana tiene en equilibrio tanto su cuerpo como su mente en adaptación con su entorno.

De lo anterior se desprende, que existe una relación entre mente y cuerpo y que la falta de equilibrio en uno de ellos, afecta el equilibrio y el buen funcionamiento del otro. La enfermedad afecta tanto al cuerpo como a la mente.

De esta relación mente/cuerpo nace la medicina psicosomática, que se centra en el estudio de las interacciones entre los procesos psicológicos (mente) y la ocurrencia de ciertas enfermedades (cuerpo).

Establecida la relación, el psicólogo Robert Ader se dedicó a investigar cómo influyen ciertos procesos psicológicos, las emociones, en la salud (USA, 1974). Es así como nace un nuevo campo de investigación, la Psiconeuroinmunología (PNI), que estudia los vínculos que existen entre el sistema inmunológico y el sistema nervioso central. Su mismo nombre reconoce las relaciones: psico o “mente”; neuro, que se refiere al sistema neuroendocrino (que incluye el sistema nervioso y los sistemas hormonales); e inmunología, que se refiere al sistema inmunológico. Ha sido utilizada para establecer posibles relaciones entre los factores de comportamiento y la progresión de enfermedades.

Según Ader, hay una infinidad de modos en que el sistema nervioso central y sistema inmunológico se comunican: sendas biológicas que hacen que la mente, las emociones y el cuerpo no están separados sino íntimamente interrelacionados.

Se está descubriendo que los mensajeros químicos que operan más ampliamente en el cerebro y en el sistema inmunológico son aquellos que son más densos en las zonas nerviosas que regulan la emoción. A cargo de estas investigaciones está el psicólogo David Felten. Él comenzó notando que las emociones ejercen un efecto poderoso en el sistema nervioso autónomo (SNA), que es el que regula diversas funciones del organismo. Detectó un punto de reunión en donde el SNA se comunica directamente con los linfocitos y los macrófagos, células del sistema inmunológico. Se descubrieron contactos semejantes a sinapsis, en los que los terminales nerviosas del SNA tiene terminaciones que se apoyan directamente en estas células inmunológicas. Este contacto físico permite que las células nerviosas liberen neurotransmisores para regular estas células (Goleman, 1996).

Luego de diversos estudios, David Felten concluyó que sin esas terminaciones nerviosas el sistema inmunológico no responde como debería al desafío de las bacterias y los virus invasores. En resumen, el sistema nervioso no sólo se conecta con el sistema inmunológico, sino que es esencial para la función inmunológica adecuada.

Otra vía clave que relaciona las emociones y el sistema inmunológico es la influencia de las hormonas que se liberan con el estrés. Las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol, entre otras, obstaculizan la función de las células inmunológicas: el estrés anula la resistencia inmunológica, supuestamente en una conservación de energía que da prioridad a la emergencia más inmediata, que es una mayor presión para la supervivencia (Goleman, 1996).

Basándose en esto, se ha establecido la hipótesis de que el estrés y las emociones negativas, como la ira, la ansiedad y la depresión, podían ser la causa de ciertas enfermedades. Las investigaciones no han arrojado datos clínicos suficientes como para establecer una relación causal, pero sí, se reconoce que, estas emociones, afectan la vulnerabilidad de las personas a contraer enfermedades. Asimismo, se investiga si las emociones positivas son beneficiosas a la hora de la recuperación de la enfermedad.

También, las emociones y la salud se relacionan cuando una ya está enfermo, podemos ser emocionalmente frágiles mientras estamos enfermos porque nuestro bienestar mental se basa, en parte, en la ilusión de invulnerabilidad. La enfermedad hace estallar esa ilusión, atacando la premisa de que nuestro mundo privado está a salvo y seguro. De pronto nos sentimos débiles, impotentes y vulnerables. La emoción más típica cuando estamos enfermos es el miedo.

 

Emociones Negativas

Se ha descubierto que las emociones negativas, como la ira, la ansiedad o la depresión, y también el estrés, debilitan la eficacia de ciertas células inmunológicas.

Estudios confirman que las emociones perturbadoras son malas para la salud. Se descubrió que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tenían el doble de riesgo de contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos. Esta magnitud hace que las emociones perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos, es decir, una importante amenaza a la salud (Goleman, 1996).

Lo anterior no indica, en modo alguno, que todos aquellos que tengan estos sentimientos serán más vulnerables a una enfermedad.

 

Influencia de la Ira en la salud

La ira es una emoción negativa que influye en la salud, fundamentalmente generando problemas en el corazón.

Estudios realizados en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto el impacto que la ira tiene en la función cardíaca: en pacientes que habían sufrido al menos un ataque cardíaco, cuando se sentían furiosos e incluso cuando recordaban esos episodios, se producía una disminución de la eficacia de bombeo de su corazón, la cual no se observó con otros sentimientos perturbadores como la ansiedad. (Goleman, 1996).

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Por supuesto que nadie está diciendo que la ira por sí sola provoque una enfermedad coronaria, esta es sólo uno de varios factores interactivos. Como los doctores explican, aún no se puede decir si la ira y la hostilidad juegan un papel causal en el desarrollo temprano de la enfermedad coronaria, o si esta intensifica el problema una vez que la enfermedad ha comenzado, o si ocurren ambas cosas. Pero tomemos el caso de una persona que se enfurece repetidas veces. Cada episodio de ira añade una tensión adicional al corazón aumentando su ritmo cardíaco y su presión sanguínea. Cuando esto se repite una y otra vez, puede causar un daño, sobre todo debido a que la turbulencia con que la sangre fluye a través de la arteria coronaria con cada latido puede provocar microdesgarramientos en los vasos, donde se desarrolla la placa. Por eso, si su ritmo cardíaco es más rápido y su presión sanguínea más elevada porque está furioso habitualmente, tendrá mayor probabilidad de producir una enfermedad coronaria (Goleman, 1996).

Enfermedad coronaria se refiere a una serie de males que se presentan cuando una o más de las arterias coronarias se bloquean de manera parcial o total a causa de los depósitos que se acumulan en las paredes arteriales. Las arterias coronarias engrosadas se hacen rígidas y estrechas y pueden interrumpir el suministro de sangre al corazón de modo temporal o permanente (Davidoff, 1989).

Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard pidió a pacientes que habían sufrido un ataque cardíaco que describieran su estado emocional en las horas anteriores al mismo: estaban furiosos. Sin embargo esto no significa que se debería suprimir la ira cuando esta es adecuada, ya que existen pruebas de que suprimir tales sentimientos aumenta la agitación del cuerpo y la presión sanguínea. El hecho de que se exprese la ira o no es menos importante que el hecho de saber si la ira es crónica o no. Una muestra de hostilidad ocasional no es peligrosa para la salud, el problema surge cuando la hostilidad se vuelve tan constante que define la personalidad. Las personas con personalidad Tipo A aparentan ser agresivas y hostiles, hablan fuerte, rápido y en forma explosiva; muestran un sistema nervioso autónomo muy sensible, reaccionan de modo excesivo ante la tensión. Esta reactividad exagerada conduce a un ritmo cardíaco rápido, sensación de urgencia, impaciencia y hostilidad. Las prisas, las competencias y cosas parecidas aumentan la tensión acelerando la excitación simpática y contribuyendo más a la posibilidad de problemas coronarios (Davidoff, 1989).

El complejo ira-hostilidad se considera el aspecto psicológico que permite entender la influencia de los procesos emocionales en los trastornos cardiovasculares. Este complejo no es unitario, sino que está configurado por distintas variables psicológicas, las que en los hombres pueden variar con respecto a las mujeres (Breva y Palmero, 1998).

 

Influencia de la Ansiedad en la Salud

La ansiedad es una emoción negativa, una perturbación provocada por las presiones de la vida diaria. Es la emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de la enfermedad y el curso de la recuperación.

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Como todas las emociones, la ansiedad, tiene utilidad adaptativa: nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún peligro. Pero en la vida moderna, es más frecuente que sea desproporcionada y fuera de lugar; la perturbación se produce ante las situaciones con las que debemos vivir o que son evocadas por la mente, no por peligros reales que debemos enfrentar. Por esta razón se está convirtiendo en un riesgo para la salud si se presenta en forma crónica. Si las angustian perduran, estas amenazan la salud; una mayor cantidad de cambios en la vida y de molestias está vinculada con una mayor probabilidad de enfermedades físicas.

La ansiedad influye, principalmente, en la contracción de enfermedades infecciosas tales como resfriados, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a esos virus, pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, con la ansiedad esas defensas fallan. Las diferencias en resistencia a las enfermedades infecciosas se deben, en parte, a las tensiones de la vida. Cuantas más ansiedades existan, mayor será la incidencia de males infecciosos.

Durante la tensión las respuestas hormonales suprimen ciertas funciones inmunológicas, haciendo que las personas sean más susceptibles a los patógenos que causan los males infecciosos. Cuando la ansiedad persiste, las actividades inmunológicas pueden estar deprimidas.

Un estudio realizado en parejas casadas que durante tres meses llevaron listas diarias de peleas y episodios perturbadores mostró que: tres o cuatro días después de una serie especialmente intensa de preocupaciones, cayeron enfermos de un resfriado una infección al aparato respiratorio superior. Ese período es precisamente el tiempo de incubación de muchos virus comunes del resfriado, lo que sugiere que estar expuestos mientras tenían mayores preocupaciones y trastornos los hizo especialmente vulnerables (Goleman, 1996).

Lo mismo se aplica para el virus del herpes: tanto el tipo que provoca llagas en los labios como el que origina lesiones genitales. Cuando las personas han quedado expuestas al virus del herpes, está permanece latente en el organismo y se manifiesta de vez en cuando. La actividad del virus del herpes puede ser rastreada por los niveles de anticuerpos del mismo que hay en la sangre. Utilizando esta medición, la reactivación del virus se ha encontrado en estudiantes de medicina que se encuentran rindiendo exámenes de fin de año y en mujeres recién separadas.

El precio de la ansiedad no sólo es que disminuye la respuesta inmunológica; otra investigación está mostrando efectos adversos en el sistema cardiovascular. Mientras la hostilidad crónica y episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en un gran riesgo de enfermedad cardíaca, las emociones más mortales en las mujeres pueden ser la ansiedad y el temor. Lo que ocurre es que sistema nervioso simpático activado hace que los riñones retengan sal, la cual altera la regulación de la presión arterial en las personas susceptibles debido a las preocupaciones (Davidoff, 1989).

También la ansiedad tiene un papel relevante, en situaciones tales como las operaciones quirúrgicas, el Dr. Camran Nezhat, de la Universidad de Stanford dice: “si alguien debe someterse a una cirugía y me dice que ese día siente pánico y no quiere pasar por ella, cancelo la intervención. Cualquier cirujano sabe que las personas que están muy asustadas tienen problemas durante la operación. Sufren hemorragias abundantes y más infecciones y complicaciones; además, tardan más tiempo en recuperarse”.

La razón es evidente: el pánico y la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión, sangran más abundantemente cuando el cirujano hace la incisión con el bisturí. La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y puede provocar la muerte (Goleman, 1996).

Debido a que el costo médico de la ansiedad es tan alto, las técnicas de relajación se utilizan para aliviar los síntomas de una amplia variedad de enfermedades. Estas incluyen problemas cardiovasculares, algunos tipos de diabetes, artritis, asma, alteraciones gastrointestinales y dolor crónico, por nombrar algunas.

 

Influencia del Estrés en la Salud

El fisiólogo Hans Seyle describió el estrés como una respuesta orgánica de tres fases:

Fase de Alarma: Preparación de respuestas adaptativas.

Fase de Resistencia: presentación de respuestas y participación de procesos emocionales y psíquicos, para restablecer el equilibrio.

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Fase de Agotamiento: cuando el organismo ya no es capaz de generar más respuestas adaptativas, se satura la capacidad de adaptación y se presenta la desadaptación alterándose la homeostasis orgánica.

Esto ocurre si los estímulos son muy intensos, se repiten frecuentemente o persisten por mucho tiempo (Rodríguez y Vega, 1998).

Las respuestas que se presentan durante la fase de resistencia al estresor, como son: aumento en al secreción de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), de cortisol y encefalina, aumento de aminoácidos circulantes, aumento de la glicemia, entre otras; hacen que el sistema inmunológico se vea afectado deteriorando la función de las células inmunológicas (T, B, T asesinas).

 

El estrés mental crónico parece inducir la superproducción de un producto químico, el péptido derivado del gen de la calcitonina en los terminales nerviosos de la piel. Por esto, el péptido recubre excesivamente la superficie de ciertas células inmunológicas (células de Langerhans), cuya tarea es capturar agentes infecciosos y entregarlos a los linfocitos para que el sistema inmune pueda contrarrestar su presencia. Debido a la menor vigilancia en una vía importante de acceso, el cuerpo es más vulnerable a las infecciones (Damasio, 1994).

Con lo anterior podemos darnos cuenta de lo nocivo que puede llegar a ser el estrés, pero aún así no es causa directa de enfermedades. El estrés no causa la enfermedad en sí, sino que impide la recuperación porque baja las defensas del cuerpo y aumenta la sensibilidad de la persona a los problemas físicos que han existido anteriormente (Reeve, 1994).

Múltiples estudios clínicos han demostrado que la palabra más adecuada para describir la relación entre estrés y salud es impacto, pues los factores psicosociales no son causa de enfermedad, sino que desempeñan un rol en la alteración de la susceptibilidad del paciente a las enfermedades (Rodríguez y Vega, 1998).

Estudios han demostrado que estresores potenciales como: grandes cambios en la vida, situaciones vitales crónicas y pérdida del apoyo social, están relacionados con enfermedades cardiovasculares, debido a que la secreción de hormonas durante el estrés parecen contribuir en este tipo de enfermedades, ya que: incrementan la tendencia de coagulación de la sangre, (si un coágulo se aloja en la arteria coronaria es probable sufrir un ataque cardíaco), elevan los niveles de ácidos grasos libres y triglicéridos que obstruyen las arterias, y aumentan la presión arterial (Davidoff, 1989).

En cuanto a la contracción de enfermedades infecciosas como virus del herpes o de la gripe, el estrés influye ya que debilita la acción del sistema inmunológico.

La relación entre estrés y cáncer parece estar en los efectos supresores del estrés en el sistema inmunológico. Si se deprimen las funciones inmunológicas, los organismos tienen menos capacidad para enfrentarse a los agentes cancerígenos (Davidoff, 1989).

 

Beneficio de las Emociones Positivas en la Salud

La prueba de los efectos médicos adversos de la ira, la ansiedad y el estrés es innegable. Tanto la ira como la ansiedad, cuando son crónicas, pueden hacer que la gente sea más propensa a una serie de enfermedades. Pero si la perturbación emocional crónica en sus diversas formas es nociva, la variedad opuesta de emociones ¿puede resultar beneficiosa?.

Muchos preconizan que la risa y el buen humor pueden ser herramientas efectivas para enfrentarse a la enfermedad. La capacidad de estar de buen humor imprime sentido de perspectiva a nuestros problemas. La risa brinda una liberación física de las tensiones acumuladas y por tanto se espera que todo aquello que logre que el hombre se mantenga emocionalmente estable y lejos de experiencias desagradables puede contribuir a que el sistema inmunológico funcione óptimamente (López, 1999).

Pese a lo anterior, investigaciones indican que las emociones positivas pueden resultar beneficiosas hasta cierto grado. Así como las emociones negativas hacen más vulnerables a las personas a contraer enfermedades, pero no las causan, las emociones positivas ayudan a sobrellevar la enfermedad y favorecen el proceso de recuperación, pero por sí solas no logran mejorar a la persona.

El optimismo y la esperanza también resultan beneficiosos. La gente que tiene muchas esperanzas es más capaz de resistir en circunstancias penosas, incluidas las dificultades médicas. En cuanto al optimismo hay diversas explicaciones. Una teoría propone que el pesimismo conduce a la depresión, que a su vez interfiere en el sistema inmunológico, con la consiguiente vulnerabilidad a las enfermedades; el optimismo haría lo contrario. Otra explicación indica que puede tratarse de que los pesimistas descuidan su propia persona; algunos estudios han descubierto que los pesimistas fuman y beben más, y hacen menos ejercicios que los optimistas, son en general más descuidados con su salud. Podría resultar que la fisiología del optimismo es de cierta utilidad biológica para la lucha del organismo contra la enfermedad (Goleman, 1996).

 

Conclusión

Conocer las propias emociones es algo fundamental. Reconocer cuál es la emoción que estamos sintiendo, en el momento en que la sentimos es tremendamente útil, ya que nos permite un mayor conocimiento de nosotros mismo y también nos permite saber canalizar y expresar esas emociones hacia los demás de manera adecuada.

Todas las emociones son buenas, mirándolas desde el papel adaptativo que juegan, sin embargo hoy se sabe que hay algunas que si se salen de los limites normales y se vuelven crónicas, ya no son tan buenas.

En la comunidad científica ya se acepta que las emociones tienen cierta influencia en la salud: se reconoce un vínculo físico entre el sistema nervioso y el inmunológico, que hace que estos sistemas, sobre todo el inmunológico dependa del nervioso para su correcto funcionamiento. Así, las emociones negativas y el estrés afectan al sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable; y las emociones positivas, el buen humor, el optimismo y la esperanza, junto al apoyo de otros, ayudan a soportar una enfermedad y facilitar su recuperación. Con esto, se estableció la relación mente/cuerpo, que permitió el nacimiento de una nueva disciplina de estudio, la Psiconeuroinmunnología.

Todos estos descubrimientos tienen una aplicación innegable para los profesionales de la salud en el tratamiento de las enfermedades, ya que deberán considerar un tratamiento integral para el paciente que considere tanto los factores físicos como los psicológicos de este. En otras palabras el paciente estará sano cuando se haya curado de la enfermedad (illness: experiencia que el paciente tiene del mal que lo aqueja), mas que de la patología (disease: trastorno médico).

Algunos cambios para la medicina en el tratamiento de enfermedades, tomando en cuenta el efecto de las emociones en la salud, serían: ayudar a la gente a manejar mejor sus sentimientos perturbadores (ira, ansiedad, depresión, pesimismo y soledad) ya que es una forma de prevención de la enfermedad; y

atender las necesidades psicológicas de los pacientes al mismo tiempo que las médicas.

Si los descubrimientos sobre emociones y salud significan algo, es que el cuidado médico que pasa por alto lo que la gente siente mientras lucha con una enfermedad grave o crónica, ya no es adecuado.

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Bibliografía

Damasio, Antonio: 1994 “El Error de Descartes”

Editorial Andrés Bello, Santiago

Páginas: 143, 283, 284, 285.

Davidoff, Linda: 1989 “Introducción a la Psicología”

Editorial Mc Graw-Hill, Buenos Aires

Páginas: 409-414

Goleman, Daniel: 1996 “Inteligencia emocional”

Javier Vergara Editor, Buenos Aires

Capítulo 11: “Mente y Medicina”

Reeve, Johnmarshall: 1994 “Motivación y Emoción”

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Capítulo 16: “Estrés, afrontamiento y salud”

Páginas: 411- 415.

Internet:

Artículos:

http://reme.uji.es/remesp.html

E.G. Fernández, F.Palmero: “Emociones y Salud” 1999

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LeDoux, J: “El Cerebro Emocional” 1999

www.uam.es/centros/psicología/pag

  1. Rodríguez, M. Vega: “Secuelas neuroendocrinas e inmunológicas producidas por la ansiedad y el estrés” 1998

www.psyconeuroimmunology.com

López, Martha: “La psiconeuroinmunología, una nueva ciencia en el tratamiento de enfermedades” 1999

Palabras clave: emociones, estrés, salud, psiconeuroinmunología

Área monografía: psicología

Trabajo enviado por: Carla Giglio Gallardo carlagiglio@yahoo.com

http://isabelsalama.com/Emociones%20y%20salud.htm

 

 

¿Cómo afectan las emociones nuestra Salud? Por Abigail Bello Gallardo

“El que conoce a los demás es sabio. El que se conoce a sí mismo está iluminado”. Lao Tsé.

Desde que somos niños escuchamos que nuestras abuelas les decían a nuestros padres, “no te enojes, no te preocupes tanto… eso te va a hacer daño”. Cuando fuimos creciendo llegamos a pensar que esas palabras eran un mito o una creencia de personas desinformadas. Sin embargo, actualmente tenemos información científica que apoyan estos sabios comentarios. El Psicólogo Robert Ader realizó un estudio en la Facultad de Medicina y Odontología de Rochester en donde descubrió que el Sistema Nervioso es importantísimo para el Sistema Inmunológico (o de defensa del cuerpo), y que ambos se relacionan profundamente haciendo que la mente, las emociones y el cuerpo, estén íntimamente comunicados. También se descubrió que las emociones negativas como la ira, la depresión, la ansiedad y el estrés tienen importancia médica, ya que mientras se padecen, se liberan una hormonas y otras sustancias llamadas catecolaminas (epinefrina, norepinefrina, también llamadas adrenalina y noradrenalina) cortisol, prolactina, beta endorfinas y encefalina, y que entre más tiempo se secretan éstas en el organismo, más se deteriora la función del aparato inmunológico y entonces el organismo es más susceptible de enfermarse. Aunque se ha insistido en que estos temas deben seguir siendo estudiados.

En otro estudio se descubrió que estar expuesto a la ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua, hostilidad, cinismo o desconfianza incesante, trae doble riesgo de contraer enfermedades como: Asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas, y problemas cardíacos y por eso estas emociones negativas, son una importante amenaza para la salud. En otro estudio realizado en la Facultad de Medicina de Stamford, se descubrió que la ira parece ser la emoción que más afecta al corazón, ya que disminuye la eficacia de bombeo de éste. Por supuesto que no es sólo el factor de la ira el que puede provocar un infarto, sólo que es uno de los factores que definitivamente, lo predisponen. Sin embargo, también se descubrió que es la hostilidad la emoción que más pone en situación de riesgo a la gente: esto incluye ser tratado con desconfianza, con cinismo, comentarios despectivos y con ataques de ira. La ansiedad es la perturbación emocional provocada por las presiones diarias de la vida y que se puede traducir en la preocupación por las cosas que nos podrían pasar y que hasta ese momento no son reales. Por su puesto esto produce estrés, con todas sus consecuencias. Incluso en un estudio publicado en Archives of Internal Medicine, realizado por el Psicólogo McEwen, de la universidad de Yale, señaló que una anomalía o deficiencia de la función inmunológica (o del aparato defensa del organismo) puede acelerar la metástasis del cáncer y aumentar la vulnerabilidad a las infecciones virales, acelerar la arterioesclerosis (enfermedad de las venas y las arterias del cuerpo que trae como consecuencia muchas enfermedades) y la coagulación sanguínea que provoca el infarto del miocardio, también acelera el inicio de la Diabetes mellitus tipo 1 y 2 y el agravamiento de los ataques de asma. Se descubrió que el estrés puede provocar úlcera gastrointestinal y colitis ulcerosa. Por último, un estudio realizado por el psicólogo Sheldon Cohen, de la Universidad de Carnegie-Mellon University, en una Universidad en Shelffield Inglaterra, descubrió que la hostilidad crónica y los episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en riesgo de enfermedad cardíaca; y que las enfermedades mortales para las mujeres pueden ser la ansiedad y el temor. Además que cuando se padece por mucho tiempo el estrés, también puede ocasionar pérdida de memoria. Ahora bien, ¿Qué podemos hacer para controlar nuestras emociones negativas para mejorar nuestra Salud? ¿Podemos llegar a hacer de nuestras emociones un importante capital personal para beneficiar nuestra salud y nuestra vida? ¿Cómo influyen nuestras emociones en el logro de nuestras metas y nuestro éxito en la vida? Todos queremos tener éxito. Para algunos el éxito significa tener atesorado mucho dinero o bienes, para otros el éxito significa tener poder para hacer todo lo que deseen o para que los demás hagan lo que ellos quieren, para algunos otros el éxito significa tener una posición social encumbrada, para muchos significa tener una excelente salud y vivir muchos años, para ciertas personas tener éxito significa poseer muchas parejas sexuales atractivas, para numerosas personas es viajar, para algunos pocos es estudiar todos los grados posibles en su ramo, para otros el éxito es tener una buena, feliz y estable familia; y para escasas personas, pero que cada día son más, el éxito significa servir … servir a su familia, a sus hijos, a su prójimo, a su comunidad, al Planeta, a su país, o a Dios. O puede ser también una combinación de algunas de las cosas o razones antes mencionadas y de otras. En una palabra, la definición de éxito para cada persona es diferente. Hasta cierto punto, lo que las personas buscan a través de lo que llaman éxito, es ser felices. Pero ¿Porqué muchas personas atractivas, inteligentes para las matemáticas y para las ciencias exactas o para memorizar largos textos; con grandes aptitudes artísticas, incluso nacidos en cuna de oro, no llegan a lograr lo que para ellos es el éxito? Y ¿Porqué otros que no son atractivos, ni aceptadamente muy inteligentes, logran puestos altos de gerencia, de jefaturas Institucionales, de organizaciones sociales, políticas, económicas, culturales, o cualquier otra posición deseable para muchos otros millones de personas? La respuesta que encontré a estos cuestionamientos es que las personas tienen mayor probabilidad de tener éxito, cuando además de prepararse profesional o técnicamente, practican la Inteligencia Emocional. Y ¿Qué es la Inteligencia Emocional? Según el Psicólogo español Juan Gallegos, “La inteligencia emocional es el manejo inteligente de las emociones”. La inteligencia emocional les hace a estas personas exitosas, ser aceptadas por los demás, haciéndoles sus líderes naturales ó sus ejemplos a seguir porque siempre tienen la actitud y las palabras apropiadas para resolver problemas. Y por fortuna, ésta puede aprenderse. Al practicarla, se beneficia el individuo y rescata o mejora sus relaciones de pareja, de amistad, de trabajo, de familia, etc. De acuerdo al mismo Profesional de la Salud Mental, “el conocimiento de nuestras propias emociones es indispensable para poder lograr la inteligencia emocional y ello también nos ayuda a reconocer las emociones en los demás” y solucionar mejor los problemas antes de que se presenten o cuando ya se presentó el conflicto. Las emociones son muy importantes porque nos ayudan a tomar decisiones, a aceptar algo, o a decir que nó y poner límites cuando es debido, entre otras cosas. Pero, ¿Cómo iniciar el aprendizaje de la inteligencia emocional? Primer paso: Identificar nuestras emociones: Esto significa preguntarnos ¿Cómo me siento? Si me siento bien; mal, con miedo; con frustración; alegría, satisfacción…etc. Segundo paso: Interpretar nuestras propias emociones, o sea, investigar dentro de nosotros mismos ¿De dónde vienen?, ¿Cuándo vienen?, ¿Porqué vienen?, ¿Cómo las adquirimos?. El tercer paso: Saber si nuestras emociones van de acuerdo a las circunstancias o si respondemos exageradamente a lo que nos sucede. El cuarto paso: Es la integración de nuestras emociones, es decir, se trata de no dejarse llevar por nuestras emociones. Y hacernos responsables de ellas, no pretendiendo que los otros son culpables de nuestras reacciones “por provocarnos”. Sino tratar de pensar, de razonar, si esa emoción que vivimos en ese momento, nos conviene o si por el contrario nos va a perjudicar. Este razonamiento nos ayudaría a comportarnos de la mejor manera, en beneficio de nuestra persona (evitando todas las consecuencias de una mala decisión, debido a una emoción negativa) y de quienes nos rodean. La manera errónea en la que pensamos y actuamos debido a nuestra falta de inteligencia emocional, empieza cuando somos niños; es la manera en la que nos educan la que hace que nos empecemos a sentir diferentes a los hombres y a las mujeres, ya que a las mujeres nos enseñan a demostrar y hablar mas de nuestros sentimientos y los hombres los reprimen: Un ejemplo muy común es cuando al ser pequeñas; si una nena llora; todas dejan de hacer sus juegos y los continúan hasta que ella deja de llorar. Pero en los grupos de niños; si un niño llora; lo dejan solo y esperan que así resuelva su conflicto o problema, o lo regañan; y los demás tratan de no tomarle tanto en cuenta, para supuestamente no avergonzarlo. Esto trae como consecuencia que las mujeres aprendan a sentirse agredidas cuando al crecer, alguien “les deja”; y los hombres a sentirse amenazados si alguien quiere quitarles su independencia o privacidad (por ejemplo, casarse). Muchas respuestas emocionales son aprendidas por la forma en la que se comportan nuestros padres y luego llevadas casi exactamente a nuestra relación de matrimonio, aunque hayamos jurado o prometido nunca ser como nuestros padres. Para las mujeres la intimidad significa hablar profundamente de los temas de su interés y para los hombres la intimidad emocional es equivalente a hacer cosas junto con su pareja. Generalmente durante el noviazgo; los hombres aceptan platicar mucho y profundamente de temas que le interesan a su pareja o a ambos, pero después del matrimonio, los hombres se contentan con sólo hacer cosas juntos sin necesidad de hablar (ver la televisión, dormir juntos, arreglar el jardín, etc.); cuestión que a las mujeres molesta mucho, en la mayoría de los caso. Entonces por lógica, lo adecuado es llegar a un acuerdo, platicar un tiempo de asuntos importantes de cada uno de ellos y de la pareja, para resolverlos; y además hacer muchas cosas juntos. O llegar a cualquier acuerdo en el que ambos queden satisfechos. Esta misma técnica se aplica a la relación con compañeros de trabajo, vecinos, familiares, amigos. La inteligencia emocional se aplica en la vida diaria, al tratar de entender a los demás, llegando a acuerdos, haciendo y aceptando propuestas, para quedar satisfechos todos y convivir armoniosamente. Entendamos que si algún miembro de la pareja, de una familia o de un grupo de trabajo tiene deficiencia de inteligencia emocional, va a acabar por echar a perder el trabajo o esfuerzo de los demás. Lo que generalmente más lastima las relaciones de pareja, de amistad, de trabajo o de familia, es criticar a la persona, en lugar de inconformarse por lo que hizo o por su actitud. Por ejemplo: Uno puede enojarse porque una persona llegó tarde a una cita previamente concertada y puede decir: “Me siento molesto (a) porque no cumpliste nuestro acuerdo de llegar puntualmente, la próxima ocasión sólo te esperaré 5 min y me retiraré”. Otro ejemplo: No se le debe decir a un hombre “eres un desconsiderado, egoísta, mala persona y desobligado o irresponsable”; sino: “te pido por favor que antes de actuar… pienses, si lo que vas a hacer, me perjudica o me lastima de alguna manera”. De esa forma se reprueba sólo el defecto, no a la persona y se propone una solución al problema. Lo que mejor podemos hacer en un momento de conflicto es tratar de no responder impulsivamente… intentar controlarse y hacer un esfuerzo por sentir empatía, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona, imaginarse en sus circunstancias, y entonces comprenderlo (a) aunque no se esté de acuerdo. En el caso de los hombres se les recomienda no explotar, en cuando su pareja quiere seriamente hablar de un problema, sino que trate de escucharla con atención para que ella se calme. En el caso de las mujeres, se les recomienda nunca gritar cuando plantean su problema o queja porque eso irrita los sentidos del hombre; y también a ellas se les sugiere proponer soluciones. En ambos casos, el saber que su pareja le escucha con atención, baja el nivel de frustración y de ira. En conclusión, la Inteligencia Emocional puede ayudarnos a minimizar o corregir las emociones negativas, mejorando enormemente nuestra salud física y emocional, y nuestras relaciones en general. Recomiendo que para hacer más productivas y competitivas a las Instituciones públicas y a las empresas, se impartan en todo el personal cursos de Inteligencia Emocional, por personal profesional calificado como los Psicólogos y Psicoterapeutas; y de esta manera, también se podrá identificar si un trabajador necesita ayuda profesional por algún padecimiento que requiera de ayuda más especializada, derivándole oportunamente, para ayudarle en su salud mental y al mismo tiempo, se impide que con su actitud, esa persona o personas, interrumpan o perjudiquen la competitividad de esa Institución pública o privada. De la misma manera, recomiendo que los integrantes de las familias tomen cursos u orientaciones de Inteligencia Emocional y recurran a un Profesional para esto, ya que la práctica de la inteligencia emocional mejorará su vida en todo aspecto y también por otro lado, de manera oportuna puede detectarse si algún integrante de la familia o pareja, requiere ayuda más especializada. La Inteligencia Emocional puede y debería practicarse en todo tipo de actividad, oficio o profesión, máxime en la Profesión Médica, para que la relación Médico-paciente se mejorara. Al practicar la Inteligencia Emocional, los Médicos comprenderían más, que los pacientes tienen, además de un dolor físico y una enfermedad del cuerpo, un problema emocional como el miedo, la exasperación o la angustia por la enfermedad que sienten. Y el paciente comprendería que mientras los Médicos estuvieron en su formación académica (ya sea que se titularan como Médicos Generales o que se especializaran en una o más ramas de la Medicina), el trato que a la mayoría se les dió al estar en adiestramiento médico, fué prácticamente inhumano, haciéndoles trabajar intrahospitalariamente muchas horas sin dormir, a veces sin comer, y en muchas ocasiones, tuvieron que soportar maltrato verbal y psicológico; y acoso de muchos tipos, si querían terminar sus estudios. Muchos de ellos (as) quedaron dañados emocionalmente y por eso a veces se muestran indiferentes al dolor ajeno. Por supuesto que esto de ninguna manera, justifica una actitud desconsiderada hacia su paciente, pero de alguna manera ayuda a entender su proceder. Además el paciente entendería que las presiones laborales a las que actualmente la gran mayoría de los Médicos que trabajan dentro de las Instituciones de Salud Pública, están siendo sometidos, son muchas; ya que se les exigen, que ahorren de todo: medicinas, exámenes de laboratorio, estudios en general y además que lo hagan rápido y documentado por escrito, aunque todo esto, no sea lo que más beneficie la salud del paciente. Por todo lo anterior, desde aquí, hago un emotivo reconocimiento a todos aquellos Médicos sensibles que cuidan el cuerpo y las emociones de sus pacientes. Y a los pocos y extraordinarios Médicos del Sector Salud y en especial de mi “Alma mater”, el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), al igual que a los Médicos de la práctica privada, que enseñan con paciencia y dedicación a sus alumnos (Médicos en formación) a respetar y a tener empatía por sus pacientes, antes que verlos sólo como individuos, motivo de su estudio…A ellos, les felicito sinceramente y les envío desde aquí mi admiración y mi respeto. Me despido con una frase del poeta, pintor, ensayista y novelista libanés, Gibrán Jalil Gibrán quien dijo: “Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer”.

http://observadorabg.blogspot.com.es/2011/03/como-afectan-las-emociones-nuestra.html

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Acerca de Asociación Emoción y Salud

Somos una Asociación sin ánimo de lucro que busca el aprendizaje y divulgación de los diversos métodos existentes relacionados con la integración emocional y su relación con la salud.
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