¿SENTIMIENTOS Y COMPORTAMIENTOS HEREDADOS A TRAVES DEL ADN? – Margaret Ruby

 

La investigación acerca de la conexión entre la mente y el cuerpo se expandió hace 30 años cuando el doctor Herbert Benson, presidente del Mind/Body Institute y profesor asociado de medicina en la Harvard Medical School, demostró que las técnicas de relajación pueden reducir el estrés, bajar la presión arterial y el ritmo cardiaco, y por lo tanto mejorar la salud. Hoy muchos médicos, científicos e investigadores en los campos de la medicina de la mente-cuerpo, la física cuántica, psiconeuroinmunología y la sanación vibracional proporcionan fuertes evidencias de la conexión entre nuestras emociones y nuestra salud y bienestar.

 

A la mitad de esta revolución, Caroline Myss creó un principio sanador clave en su libro Anatomy of the Spirit (Anatomía del Espíritu), en dónde sustenta las técnicas de sanación energéticas desde tiempos antiguos hasta la modernidad: nuestra biografía se convierte en nuestra biología. “Nuestros cuerpos contienen nuestras historias -cada capítulo, línea y verso de cada acontecimiento y relación en nuestras vidas”, explica. “Cada pensamiento que hayas tenido ha viajado a través de tu biología y ha activado una respuesta fisiológica”. Conocemos, por ejemplo, el efecto del miedo o de la cólera intensa -nuestro ritmo cardiaco incrementa, apretamos los dientes, y nuestra presión sanguínea se eleva. Myss dice que entre las experiencias que llevan energía emocional a nuestro sistema corporal están las relaciones pasadas y presentes, recuerdos y experiencias profundas o traumáticas, patrones de creencias y actitudes. “Las emociones que producen estas experiencias se codifican en nuestros sistemas biológicos”, dice, contribuyendo así a la formación de nuestros tejidos celulares y almacenándose en nuestra memoria celular.

Otro paso en nuestra visión evolutiva de la conexión mente-cuerpo lo dio la internacionalmente reconocida neurocientífica, doctora Candace Pert. En su trabajo más
importante, Molecules of Emotion, (Las moléculas de la emoción), la doctora Pert establece las bases biomoleculares de nuestras emociones y nos ayuda a entender cómo exactamente las emociones afectan a la salud. Descubrió que los sistemas principales del cuerpo forman una vasta red que lleva la información entre dichos sistemas conectándolos, éstos son los neuropéptidos y sus receptores, que ella llama los bioquímicos de las emociones, estos “mensajeros” se encuentran en constante comunicación con el sistema inmune. En realidad, como ella afirma, las emociones son la conexión entre la mente y el cuerpo.

Con base en esta investigación científica, es momento de trascender los conceptos del “poder de la mente sobre el cuerpo”, dice la doctora Pert, “según mi investigación, esa frase no describe exactamente lo que sucede. La mente no domina al cuerpo, se convierte en cuerpo. Cuerpo y mente son uno”. Debemos comenzar a ver nuestras emociones, dice, “como señales celulares involucradas en el proceso de traducir información en realidad física, literalmente, transformar mente en materia”. En otras palabras, el cuerpo y la mente se comunican a través de moléculas de emoción. Debido al trabajo de pioneros como ellos, sabemos que nuestras emociones impactan las células y tejidos de nuestro cuerpo y que tienen influencia en nuestra salud. Sin embargo, la vanguardia de estas investigaciones va aún más allá y busca profundizar. Así la investigación revolucionaria muestra que nuestras emociones nos impactan en el nivel más básico de nuestro ADN, un descubrimiento cuyas implicaciones son de muy largo alcance.

Nuestros genes responden a la emoción Los genetistas saben desde hace algún tiempo que, los tipos de estrés ambiental pueden afectar a los genes y provocar mutaciones. En los años 40, la genetista norteamericana Barbara McClintock realizó un increíble descubrimiento que no fue completamente reconocido sino hasta después. En 1983, ganó un Premio Nobel por su descubrimiento acerca de que los genes pueden cambiar su posición en un cromosoma en respuesta al estrés. En su discurso al recibir este reconocimiento, dijo que los “impactos” al material genético (desde accidentes en la célula, infecciones virales o entornos alterados) “fuerzan al genoma a reestructurarse a sí mismo” para sobreponerse a la amenaza. (El genoma es la totalidad del material genético de un organismo.)
“Las emociones, creencias y todo aquello que hemos heredado afectan nuestro ADN… Nuestros genes responden a ¡as emociones -para bien o para mal”.

“Los dispositivos sensibles y las señales que inician estos ajustes están más allá de nuestra capacidad de comprensión”, dijo McClintock. Motivó a los científicos a trabajar por deter-minar “la cantidad de conocimiento que la célula tiene de sí misma, y cómo la utiliza de una manera ‘pensada’ cuando se le desafía”. Llamó al genoma “un órgano de la célula alta-mente sensible” que es capaz de “detectar los acontecimientos inusuales e inesperados y responder a ellos”. Al cierre de su discurso, McClintock anotó de forma profética que los científicos en el futuro sin duda se enfocarían en el genoma “con una gran apreciación de su importancia”. Al realizar sus descubrimientos, McClintock había trabajado inicialmente con plantas, pero poco después los científicos reconocieron que el mecanismo que ella había identificado -genes de cromosomas en movimiento como respuesta al estrés- podría contribuir a la evolución humana al crear nuevas mutaciones. De igual importancia fue que esta investigación demostró que nuestro código genético no es estático sino que es afectado por el estrés en su ambiente. Tan pronto como esto surge, nuevas investigaciones comienzan a probar que el estrés en nuestro ambiente altera nuestro ADN.

Un estudio importante presentado en los reportes oficiales de la Academia Nacional de Ciencias en diciembre de 2004 indicaba que un estrés significativo en la vida puede dañar los telómeros (partes del ADN en las puntas de los cromosomas) que están dentro de las células inmunes del cuerpo, reduciendo así la vida de las células. El estudio comparaba un grupo de mujeres que cuidaba a niños quienes sufrían serias enfermedades crónicas con un grupo también de mujeres con niños, pero éstos, sanos. Una característica interesante del estudio es que los resultados estuvieron fuertemente relacionados con la percepción de estrés emocional. Las mujeres de ambos grupos quienes sentían que pasaban por los mayores niveles de estrés tuvieron los telómeros comparables con personas diez años más grandes que ellas. En un artículo del Washington Post acerca de este importante hallazgo, el doctor Dennis Novack del Colegio de Medicina de la Universidad Drexel en Estados Unidos dijo que el nuevo estudio demostraba que la mente y el cuerpo no están separados, que “las moléculas en nuestros cuerpos son receptivas a nuestro ambiente psicológico”. Si bien, es necesaria más investigación, el estudio apunta a una relación directa no solamente entre el estrés crónico y nuestra salud sino entre el estrés (o emociones) y nuestros genes.

La evidencia no termina ahí. Otros avances científicos desde un ángulo completamente distinto, muestran también la conexión entre nuestras emociones y nuestro ADN. Los reconocidos científicos Glen Rein y Rollin Me Craty al trabajar con el HeartMath Research Institute demostraron que sentimientos amorosos e intenciones específicas enfocadas al-teraban muestras de ADN en solución y producían efectos biológicos dentro y fuera del
cuerpo. En uno de los estudios, quienes formaron parte de los experimentos pudieron hacer que el ADN se enrollara y se desenrollara coincidiendo con la intención específica. El enrollamiento de la hélice del ADN se asocia con la reparación de éste, y el desenrollamiento precede a la división celular. En un caso, la persona estudiada fue capaz de afectar el estado del ADN cuando la muestra estaba a ochocientos metros de distancia. Como resultado de estudios como éste, los investigadores han creado la hipótesis, aunque no ha sido comprobada experimentalmente, según la cual podría ser posible que a través de una intención consciente y enfocada se influencien nuestros procesos de niveles celulares e incluso cambiar la estructura primaria del ADN -nuestro código genético.

Estos emocionantes estudios corresponden al trabajo que he estado haciendo los últimos 20 años, el cual demuestra que nuestras emociones y creencias -y aquellas que hemos heredado- afectan nuestro ADN. Como estos investigadores, he hallado que nuestro ADN no es un código fijo, sino flexible. De hecho, he descubierto que al usar técnicas específicas podemos sustituir patrones defectuosos por otros nuevos y positivos. En efecto, los pensamientos y emociones negativas son parecidos al “estrés” ambiental del que hablaba Barbara McClintock; afectan lo que ella llamó nuestro “altamente sensible” material genético, el cual es capaz de “detectar los acontecimientos inusuales e inesperados y responder a ellos”. En resumen, nuestros genes responden a las emociones -para bien o para mal. Por el contrario, he descubierto algo que también es cierto: nuestro ADN afecta nuestras emociones, actitudes y comportamientos. Científicos verifican que nuestros genes nos heredan mucho más que sólo rasgos físicos. En 2001, un grupo de científicos en Barcelona descubrieron que la mutación genética del cromosoma 15 hace a la gente más susceptible a los ataques de pánico y a los trastornos de ansiedad. Esto nos dice que lejos de ser enfermedades imaginarias o un defecto psicológico, una fobia puede ser resultado de una mutación en nuestros genes. Además, Dean Hamer, biólogo molecular y jefe de la sección de estructura y regulación genética del National Cáncer Institute de los Estados Unidos, dice que la fe está profundamente enraizada en nuestro ADN -que heredamos una predisposición para ser espirituales. En su libro The God Cene (El Gen Dios), afirma que una variación del gen llamado VMAT2, el cual él ha llamado “El gen Dios”, juega un papel pequeño pero crucial en las tendencias espirituales que están fuertemente trasmitidas en nuestros genes. Si las fobias pueden provenir de nuestros genes, ¿qué otras actitudes son resultado de una predisposición genética? Si la espiritualidad puede ser heredada, ¿qué otros sentimientos y comportamientos nos han sido heredados a través de nuestro ADN?

 

Parte del capitulo I del libro “El ADN de la Sanación”  de Margaret Ruby.

Acerca de Asociación Emoción y Salud

Somos una Asociación sin ánimo de lucro que busca el aprendizaje y divulgación de los diversos métodos existentes relacionados con la integración emocional y su relación con la salud.
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